María de la Huerta
A Coruña
“Los lunes, martes y jueves voy al gimnasio, de 9 a 11 y media o 12. Hago cinta, e intento, también, muscular el muñón. La pierna buena la tengo muy gorda. Mi problema es que, cuando camino, el impacto lo hago abajo, en el muñón... Y como camino mucho… Casi todos los días, me hago 13 o 14 kilómetros. Cuando hay la ENKI, voy; el otro día, por ejemplo, participé en la andaina nocturna de A Coruña; a la de Cruz Roja de Sada, me apunté también... Mi mujer va a correr al monte, y yo la acompaño y camino por allí... Además, practico vela adaptada, dentro del programa Esfuerza de la Fundación María José Jove, los miércoles y los viernes. Y, en verano, hago canoa, y llevo a niños con síndrome de Down, a personas ciegas... Los llevo delante, y hago que remen, dentro del mismo Esfuerza", detalla Ángel Lema, con una vitalidad contagiosa.
El próximo 13 de junio, "día de San Antonio", precisa, "hará 19 años ya" que este vecino de Sada, de 66, fue víctima de un grave accidente de tráfico que derivó en la amputación de su pierna derecha. Su vida "cambió por completo", tuvo que dejar de trabajar, perdió "un montón de derechos laborales, muchas cosas"... Pero siguió "luchando", y gracias al "apoyo" de su familia --que "sufrió muchísimo también", reconoce--, y de José Cougil --"un hombre que es de lo mejor que hay", subraya, junto a quien impulsó la creación de dos asociaciones de personas amputadas, Andade (nacional) y Agapa (gallega)--, pudo "salir adelante", y hoy colabora en todo lo que puede para "ayudar a otras personas que están pasando por la misma situación" que a él le tocó vivir. "La vida no se acaba ahí. Hay que seguir adelante", enfatiza, antes de rememorar su accidente.
"Un torniquete me salvó la vida"
"Era primera hora de la mañana, iba para A Coruña a trabajar en la moto, y un coche que venía de frente, en dirección a Sada, me llevó por delante. Y menos mal que un médico fue a allí, me hizo un torniquete… Con eso, me salvó la vida", resalta Ángel, quien, tras el siniestro, pasó "dos meses ingresado en el Hospital Universitario (Chuac)". "El impacto fue muy fuerte, no solo para mí, sino para toda la familia. Aún vivía mi madre y, ese día, precisamente, eran las fiestas de mi barrio, Riobao... Pero, desgraciadamente, pasó lo que pasó… Y me cambió la vida. Era electricista, me gustaba mi profesión y, en aquel momento, lo perdí todo: un montón de derechos laborales, el trabajo, muchas cosas… Pero hay que ir tirando para adelante, con fuerza", insiste.
"Siempre" que se lo piden, por mediación de Agapa, Ángel vuelve "a Oza para visitar a gente que está recién amputada, darles apoyo" y "explicarles cómo va el tema"
Ángel Lema, en las instalaciones de Marina Coruña, antes de una jornada de vela, en el marco del programa 'Esfuerza' de la Fundación María José Jove. / Casteleiro
"La familia también sufre mucho"
"Cuando salí del Hospital Universitario --prosigue Ángel--, fui otro mes al de Oza, donde me estuvieron dando unos masajes... Tras la amputación de una pierna, hay que aprender de nuevo a caminar. El esfuerzo es muy grande, igual que el trauma. Sobre todo, si la amputación es debida a un accidente, algo que para nada te esperas. En mi caso, cuando desperté del coma, después de 15 días, me encontré con que tenía un 'balón' en el sitio de mi pierna derecha. Y nadie te dice nada... Tienes que ir luchando, con el apoyo de tu familia, que también sufre mucho... Hay que cambiar muchas cosas en casa, volver a adaptarte a lo que tienes… Es muy complicado", hace hincapié, antes de explicar que, "siempre" que se lo piden, por mediación de Agapa, vuelve "a Oza para visitar a gente que está recién amputada, darles apoyo" y "explicarles cómo va el tema".
"En los hospitales te amputan, luego te mandan un mes para rehabilitación y, después… Sales de allí con las muletas... Y búscate la vida", sostiene
"Porque en los hospitales te amputan, luego te mandan un mes para rehabilitación y, después… Sales de allí con las muletas... Y búscate la vida", sostiene Ángel, quien apunta que, cuando tuvo lugar su accidente, en 2007, "no había asociaciones" de personas amputadas. "Yo mismo impulsé, junto con José Cougil [actual presidente en funciones de Agapa], una asociación nacional que se llamaba Andade, con sede en Valladolid. Estuvimos muchos años ahí, ayudando a gente. Íbamos, todos los años, a hacer una o dos conferencias allá; estuvimos como 'conejillos de indias' en gimnasios, ayudando a hacer rehabilitación y ejercicio para gente amputada; hicimos conferencias, actividades de otro tipo… Todo con la finalidad de ayudar a otras personas que están como nosotros. Cougil es un hombre… De lo mejor que hay. Ayuda a muchísima gente. Fuimos impulsores de Andade y, más recientemente, de Agapa también. Estuvimos con los de Tráfico, con una organización, la UVAT (Unidad de Víctimas de Accidentes de Tráfico), y, cuando había un accidente, te llamaban ellos... Echando una mano, también, a esa gente", refiere.
Detalle de una de las prótesis que Ángel Lema utiliza en su día a día. / Casteleiro
El dolor del 'miembro fantasma'
"Los primeros meses, así que sales de todo eso (del hospital, y demás...), tienes que no quedarte en casa, intentar caminar, hacer mucho ejercicio… No pararte, porque hay gente que, después de haber sufrido una amputación, se queda ahí, parada. Hay que salir con fuerza. La vida da muchos palos. A mí me los dio, en otros temas, y seguí luchando. Y continúo haciéndolo", remarca Ángel, para, a continuación, aludir al 'miembro fantasma', una percepción sensorial, a menudo dolorosa, que afecta a más del 80% de las personas amputadas y que él, casi 19 años después de su accidente, sigue padeciendo.
"Muchas noches, cuando me salgo del encaje en el que estoy metido, el muñón me empieza a arder, como si me quemaran y me retorcieran. A veces, me salen llagas… Todos los años, tienes que ir atendiendo a algo nuevo, y ejercitar el muñón para intentar que el 'miembro fantasma' no te salga a diario. En mi caso, tengo ese problema, y no lo puedo evitar. Como mi amputación fue traumática, los terminales de los nervios, y todo eso, no los pudieron arreglar como en una operación. Lo mío fue tapar, y rápidamente...", indica, antes de enumerar otras dificultades, en este caso, ya de tipo administrativo, con las que ha tenido que "lidiar" en los últimos años, debido a su condición.
"Lidiar" con la burocracia
"A mí me pasó un detalle. Fui a nueve revisiones a Inspección, y reclamé una tarjeta de discapacidad para poder estacionar ya que, muchas veces, como me salga un eccema o algo en el muñón, tengo que dejar la 'máquina' en casa y andar con muletas. Ahora ya tengo esa tarjeta, pero me la estuvieron denegando durante 17 años, cuando ves a gente que sale de los coches, en la zona reservada para el estacionamiento de las personas con discapacidad, con una maleta, caminando...", denuncia Ángel, con "un grado de discapacidad reconocido del 50%". "Aunque me quitaron dos puntos y, ahora, tengo un 48%. No lo entiendo. Te vas haciendo mayor y, en vez de darte algo más, te van quitando… Es incomprensible. No soy un chaval", recalca.
"En 2013, fuimos a protestar a Madrid, con Andade. Allí se juntó gente de toda España para pedir que a las personas amputadas nos financiasen una prótesis electrónica. La aceptaron, pero, de entre todas las comunidades, Galicia [segunda con mayor tasa de amputaciones] fue la última que firmó el catálogo nuevo", sostiene
Expone Ángel, en este punto, otra "contrariedad". "En 2013, fuimos a protestar a Madrid, con Andade. Allí se juntó gente de toda España (de Canarias, Sevilla, Alicante, etc…) para pedir en el Ministerio de Sanidad que a las personas amputadas nos financiasen una prótesis electrónica. La aceptaron, pero, de entre todas las comunidades, Galicia [segunda con mayor tasa de amputaciones] fue la última que firmó el catálogo nuevo, en noviembre de 2024. Hubo que andar encima de esta gente...", afirma este sadense, propietario de "dos prótesis electrónicas, de última generación", pagadas de su bolsillo. "Estas tienes que enchufarlas, cada día, porque tienen una batería... También tuve mecánicas, pero no es calidad de vida. Es diferente...", considera, antes de aprovechar la reciente conmemoración, el pasado 12 de abril, del Día internacional de las personas con extremidades diferentes, para incidir en su mensaje de aliento a todos aquellos que estén atravesando una situación similar a la que él enfrentó.
Ángel Lema antes de echarse al mar, en una jornada de vela, en el marco del programa 'Esfuerza', de la Fundación María José Jove, en A Coruña / Casteleiro
El apoyo psicológico, "fundamental"
"Lo que les digo es que hay que seguir adelante. La vida no se para ahí. Si te paras y te hundes, va a ser peor, para ti y para toda la familia que está contigo, ayudándote. Porque la familia sufre mucho. Por eso, lo que hay que hacer es tirar para adelante", incide Ángel, quien, no obstante, admite que, tras una amputación, "es necesario un periodo de adaptación, y de asimilación", en el que el "apoyo psicólogo", advierte, "es fundamental". "Pero la sanidad pública no te ofrece nada, ni apoyo psicológico ni nada. Yo fui a un psicólogo de pago. Las cosas pasan así, y no hay una 'cadena de mando' ni un seguimiento para ver cómo va la marcha, si vas para adelante o te vas quedando. Porque mucha gente acaba la rehabilitación, se va para casa y ahí se queda. Eso es una auténtica pena", lamenta.
FUENTE: LA OPINION (A Coruña)